Iceberg 11

Hemos cambiado el almanaque y mientras el de 2020 ya es historia, el que ahora reina arriba de nuestros escritorios o repisas es el de 2021. El inédito año previo ha dejado tras su paso todo tipo y clase de angustias, sufrimientos y tragedias, no solo personales sino también familiares y colectivas.

La llegada de las vacunas y el comienzo de la vacunación está aconteciendo en muchos países del mundo, lo cual se estima que conduciría a la famosa inmunidad de rebaño y por consiguiente a un descenso de los niveles de contagio y de personas internadas en los centros de salud. ¿La vida pre-Covid19 o la “nueva normalidad” están cerca? Es una pregunta abierta sin dudas. La cuestión, más allá de lo que acontezca una vez que buena parte de la población esté vacunada, es qué haremos las personas con los impactos que produjo un año sin comparaciones en el pasado cercano. Procesar, metabolizar e integrar lo que vivimos es tanto un asunto social, como comunitario, familiar y también personal. La pandemia si hay algo que nos ha dejado como aprendizaje es que estamos entrelazados y lo que afecta a uno tiene el potencial de incidir sobre los demás. Costaba entenderlo antes porque era muy obvio. Quiero creer que, pandemia mediante, hayan más ojos abiertos que antes. Los desafíos son inmensos y en relación directa al equilibrio entre presencialidad y virtualidad, asunto que se mete tanto en el mundo del trabajo como en el de los afectos, puntos cardinales, ambos, en nuestras existencias.

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