Fernando Botero (Medellín, 1932) es un artista (pintor y escultor) colombiano que se volvió famoso haciendo de la gordura el objeto central de su arte. Él asegura: «no pinto gordas, le doy protagonismo al volumen» y afirma que «los pintores siempre hemos trabajado en la exaltación de la vida».
Categoría: Psicoterapia
Es en contra y no a favor de él
En las últimas décadas asistimos a profundas transformaciones en los modelos políticos, económicos y culturales, dinamizados por una globalización tecnológica que ha acortado las distancias y provocado enormes cambios en el modo en que nos comunicamos. El filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky nos dice que vivimos en la «era del vacío», donde se presentan nuevas organizaciones caracterizadas por el narcisismo, la caída de ideales, así como nuevas modalidades en el ejercicio de la violencia. Los protagonistas de este tiempo son lo efímero y el individualismo.
«Quemado» a la japonesa
En diversas ciudades niponas hay centros de rehabilitación para tratar el fenómeno: varones, generalmente entre los 15 y los 30 años, que se encierran durante meses, años e incluso décadas, en sus cuartos, solos, sin hablar, salir y abocados a los videojuegos así como a leer cómics y libros. En japonés se les llaman hikikomori, vocablo que puede traducirse por «recluirse uno mismo». Se estima que hay más de un millón de kikikomori en un país cuya población ronda los 125.
El fracaso de la voluntad
La medicalización de la vida cotidiana parece no tener límites. Desde el cansancio, el insomnio, los problemas de pareja o sexuales, hasta los miedos y las ansiedades están tendiendo a ser solucionados con pastillas. El estado actual de nuestra civilización ha puesto la vara en lo alto: de forma permanente parecería que hay que sentirse equilibrado y sobre todo feliz. Algo así como el juego de cartas siete y medio, cuyo objetivo es intentar sumar esa cifra o el número más cercano posible, sin sobrepasar dicha cantidad. Traducción: sólo se está saludable si sumo siete y medio, ese nivel óptimo en el que poco menos que estamos en estado zen. Por debajo o por encima del siete y medio estoy para ser etiquetado de «enfermo», ya sea por un estado de tristeza, de ansiedad o quemazón laboral. Lo normal se ha convertido en un corral bastante chico y lo que queda fuera de él ha de ser tratado con pastillas, fuerza de voluntad y por supuesto mucha, mucha mentalidad positiva.



