Sálvese quien pueda

En mayo de 2017 la justicia italiana confirmó la sentencia de 2015 contra Francesco Schettino y lo sentenció a 16 años y un mes de prisión por el homicidio involuntario, naufragio y abandono del crucero Costa Concordia. Schettino era el capitán del barco de 114.500 toneladas, 290 metros de longitud y 1.500 camarotes, en el que viajaban 4.229 personas el 13 de enero de 2012. Ese día la nave se desvió de su ruta para que sus pasajeros pudieran avistar la isla de Giglio, y a su vez los vecinos de esta isla pudieran admirar desde tierra al impresionante barco. Las cosas no salieron como se planificaron, puesto que a las 21:45 la nave chocó contra una piedra que abrió un boquete de 70 metros de longitud en su casco, provocando que éste comenzara a hundirse lentamente. A apenas 150 metros de la costa las consecuencias fueron trágicas: 32 personas murieron y 64 más resultaron heridas.

Schettino está preso debido a su comportamiento el día del naufragio, primero por tardar una hora y 13 minutos (22:58) en ordenar la evacuación del crucero y segundo por incumplir con la normativa marinera que exige que el capitán sea el último en abandonar el barco. A las 00:30 del 14 de enero, cuando numimage31-1160x832.jpgerosos pasajeros todavía trataban de abandonar el crucero desesperadamente, Schettino ya estaba a salvo en tierra firme. 

La historia del capitán Schettino no termina acá; incluye la publicación de un libro a mediados de 2015 (‘Las verdades sumergidas’) junto con la periodista Vittoriana Abate, donde explica su verdad sobre lo sucedido en el naufragio, que en líneas generales no es otra que delegar la responsabilidad de lo ocurrido a otros y no en él. Lo peculiar del caso es que tras su publicación y en menos de un mes se agotaron todos los ejemplares de la obra, que se ha vuelto a reeditar y sigue siendo un éxito.

A la sociedad disciplinaria todavía le rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad del rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados. B. Chul Han

¿De qué nos habla este suceso lamentable que terminó con la muerte de una treintena de personas y probablemente un trauma para muchos de los cuatro mil y pico de pasajeros del crucero?

En principio tal vez nos pueda hablar de la imprudencia de navegar tan cerca de la costa en un barco de esas dimensiones, pero sobre todo, al menos para mí, nos ilumina sobre el comportamiento de quien está a cargo o al frente de algo; dicho de otro modo, de quien tiene que gobernar personas y/o organizaciones. ¿Qué le pasó a Schettino que demoró más de una hora en reconocer lo que le sucedía a su nave y en consecuencia ordenar su evacuación? Y tal vez lo peor de todo es ¿cómo fue posible que pisara tierra mucho antes que lo hicieran los pasajeros, aquellos por los que se supone que él tenía que velar?

Si hay palabras o conceptos que no gustan nada, en este tiempo en que vivimos, esos son: deber, responsabilidad, angustia, tristeza, frustración, paciencia, obligaciones, sufrimiento, padecimiento, postergación. En auge y en la estantería más visible están: positivo, poder, ya, derechos, diversión, igualdad, actividad, entretenimiento, felicidad, etc.

El sujeto de este tiempo está parado y tratando de hacer equilibrio en un gran bosú. Éste se mueve de forma muchas veces impredecible y es extremadamente sensible a los movimientos de aquellos que están parados sobre él. Toda época fue compleja y en cierta medida incierta, pero el ritmo que se deriva de los avances tecnológicos actuales está haciendo que los tiempos pretéritos fueran más una calesita que el inquieto rock & samba actual.

La incertidumbre hace estragos tanto en colectivos como en personas, que no encuentran brújula ni lugar de amparo, ya sea en una organización, una iglesia o una ideología política. Eso sucedía antaño, cuando alguno de estos macro-relatos oficiaban de gran paraguas o gran red en la que sostenerse y cobijarse. La realidad exterior, que antes era más calesita (estable y certera) y hoy es volátil e inquieta, está teniendo una incidencia brutal y decisiva en los modos de ser y estar (la subjetividad) de las personas.

Cuando el entorno era mayormente estable y sin mayores sorpresas y/o sobresaltos el mundo interno de las personas, en términos generales, giraba en torno al conflicto entre “los debo” y “los quiero”, estructurándose todos ellos alrededor de las neurosis (histéricas, obsesivas o fóbicas). Todas ellas eran las expresiones psicopatológicas prototípicas de la cultura en tiempo del mundo calesita. Por supuesto que hoy también siguen existiendo estas expresiones, aunque con matices distintos a partir de los cambios que vienen experimentando nuestras sociedades.

La cultura actual, que gira en torno a producir, consumir, acumular y ganar más, venera la liviandad y rapidez y ha destronado a la reflexividad y el pensamiento crítico. Abundan loros y hacen falta búhos.

No se trata de una crítica a la ligera sino de la constatación frecuente de una tendencia a la evasión a través de drogas, sexo compulsivo o banal, así como de otros comportamientos adictivos. En el fondo de todo esto hay una gran erosión de los otros, de los semejantes. No miramos para arriba (como un niño puede mirar a su padre) porque se esfumaron los ideales, ni para el frente (las otras personas) para construir y/o transformar(nos) junto a ellas, abundando en cambio la atención al propio ombligo, el privilegio de las prioridades íntimas y la felicidad y/o bienestar personal.

El mundo calesita que agoniza es también el de la neurosis, aquel mundo en el que las personas resuelven el conflicto relacional con el semejante ausentándose, tomando distancia  o llamándose a silencio. El pujante mundo rock & samba, que promueve consumir para ser feliz, así como la positividad para negar las angustias y sufrimientos, está dejando de lado, al igual que hizo Schettino, las responsabilidades asociadas a su cargo y/o función. En un entorno que sólo privilegia los derechos y las salidas individualistas, olvidándose de las responsabilidades y obligaciones, la mesa queda servida para naufragios personales y también colectivos.

9 comentarios sobre “Sálvese quien pueda

  1. Gran artículo. Esto es lo que hacen nuestros políticos en España desde que tenemos democracia. Rajoy me recuerda mucho al capitán Schettino pero con una diferencia. El segundo está en prisión y el primero no.
    El segundo hundió solo un barco. El primero ha hundido un país entero y sigue en libertad. Además en su perfil de LinkedIn, se enorgullece de sus hazañas.
    A pesar de sus defectos, prefiero la Democracia de Italia.

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    1. Estimado Jaumelluis, espero estés bien. Muchas gracias por tu comentario y me alegro que te haya gustado el artículo. La verdad que toco de oído la situación política de tu país, más allá de lo que leo en la prensa. La reflexión que disparó esta entrada en el blog fue el increíble comportamiento del marino italiano, lo cual nos lleva a pensar (al menos a mí) sobre la importancia del equilibrio psíquico de quien está gobernando algo, sea un barco, uno mismo, un equipo y ni que hablar un país. Se trata de un tema apasionante. Saludos y buen inicio de semana, Agustín

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  2. La analogía política es tan valedera como el comportamiento humano individualista y vacío de responsabilidades cuando llegan los momentos jodidos. Es penoso lo q hemos llegado a ver en el mundo y como desde lo más pequeño como no ayudar a un anciano a cruzar la calle. Pena y reflexión
    Saludos Mauro

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  3. Coincido, un artículo que nos hace pensar y reflexionar en nosotros, pero también en quienes nos rodean; cuantos Schettinos hay “en la vuelta”…la culpa siempre la tiene otro…

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    1. Hola dR, coincido con lo de la presencia de los Schettinos que hay en la vuelta. En lo personal y estimo que te ha de suceder algo similar, trato de ocuparme y estar atento al Schettino que habita dentro mío, agazapado para huir, escabullirse o delegar la responsabilidad en otro/s. Abrazo !!

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  4. Hola Agustín…muy buen artículo que invita a reflexionar…sin dudas vemos a diario seres humanos con el actuar de Schettinos…. sálvese quien pueda….y no estoy hablando solamente de quienes ocupan cargos importantes, sino desde el ciudadano común que ha perdido el respeto por el otro y en esa inmediatez piensa solamente en primera persona…..abrazo grande

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    1. Comparto tu parecer Wilson. Creo que la gran batalla está en el día a día, en tratar de iluminar las redes humanas de las que formamos parte. Pedir menos y dar más. Abrazo y gracias por visitar la página. Bienvenidas las sugerencias y recomendaciones para hacerla más interesante.

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