Es en contra y no a favor de él

En las últimas décadas asistimos a profundas transformaciones en los modelos políticos, económicos y culturales, dinamizados por una globalización tecnológica que ha acortado las distancias y provocado enormes cambios en el modo en que nos comunicamos. El filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky nos dice que vivimos en la “era del vacío”, donde se presentan nuevas organizaciones caracterizadas por el narcisismo, la caída de ideales, así como nuevas modalidades en el ejercicio de la violencia. Los protagonistas de este tiempo son lo efímero y el individualismo.

Cómo pensamos a los jóvenes de este nuevo tiempo y cuál es el modo en que transitan y navegan las turbulentas aguas actuales son preguntas siempre imprescindibles, sobre todo si se tiene en cuenta el dato de la OMS, que señala que el suicidio es la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 añosEs obvio que estamos inmersos en una sociedad consumista en la que prácticamente todo está en oferta, donde las tensiones, dificultades y angustias de los sujetos habitualmente son evitadas en lugar de afrontadas y donde aliviarlas pronto y rápido (mejor si es consumiendo) es señalado como la solución óptima.

El modo de ser y estar en el mundo de los adolescentes no es igual en todos los países ni incluso en las mismas ciudades. Sin embargo, a grosso modo, es posible identificar tres grandes transformaciones que afectan la subjetividad de los adolescentes. Como una ola en su cresta estas transformaciones generan incertidumbre, desasosiego y también angustia no sólo para los adolescentes, sino también en padres, educadores y adultos en general. El rock & samba está haciendo perder el equilibrio a much@s.

Estos profundos cambios tienen que ver con el trabajo, la familia y los efectos de la tecnología sobre la vida cotidiana. Al trabajo porque ya no es lo que era: el destino seguro luego de la etapa de estudio. Hoy, con el avance en la automatización y la inteligencia artificial, para muchos colectivos la degradación laboral y el subempleo comienzan a ser moneda corriente. El sacrificio en la etapa de estudio no es garantía de estabilidad laboral en el futuro. A la familia, habida cuenta del declive de la función paterna, la horizontalidad y simetría de muchos vínculos, así como la soledad de muchas madres a la hora de criar a sus hijos. Y a la presencia de la tecnología en la vida diaria, siempre presente y con ese poder hipnotizador que nos proponen las pantallas.

La adolescencia es un período de tránsito entre la infancia y la adultez. Un período que no remite solamente al tiempo cronológico sino sobretodo a un tiempo psíquico. La adolescencia es un tiempo de elaboración, pérdidas y conquistas, un tiempo convulsionado que necesita de los adultos para que el tránsito por el puente que lleva de “tierra infancia” a “tierra adultez” pueda concretarse.

Los adolescentes de nuestro tiempo, así como los de otras épocas, confrontan y pulsean con los adultos que lo rodean. Cuando en el seno familiar encuentre grandes y no adultos, el adolescente confrontará fuera del nido. La adolescencia es un pasaje normal, una suerte de túnel o de puente, entre la infancia y la vida adulta. Así como uno de los más turbulentos y también dolorosos, es un momento de mucha creatividad.

Varias cosas suceden durante la adolescencia, desde transformaciones y duelos hasta la elaboración de planes y proyectos. En ese tránsito se resignifica la sexualidad, se remodela la identidad, el pensamiento se reestructura, la familia se reorganiza, el cuerpo cambia y la relación con los otros cobra otra dimensión.

Si bien es una edad que podríamos denominar como sana, no hay que perder de vista que muchas veces ese tránsito adolescente puede dificultarse e incluso detenerse. En línea con lo que plantea el Dr. Juan D. Nasio, es posible distinguir tres posibilidades respecto a la transición adolescente. En la primera tendríamos a la adolescencia como una neurosis sanacomo el paso necesario para volverse adulto, en el que el sufrimiento es moderado y se expresa a través de estados de tristeza, angustia o rebeldía. La segunda posibilidad es cuando los adolescentes presentan comportamientos peligrosos, tales como depresión, aislamiento, intentos de suicidio, poli-adicción, consumo excesivo de alcohol y pornografía, anorexia y bulimia, conductas violentas auto destructivas o destructivas para con otros. Allí, estaríamos ante situaciones de sufrimiento intenso. La tercera posibilidad corresponde a las perturbaciones mentales severas, como la esquizofrenia, las neurosis obsesivo compulsiva graves, las fobias inhabilitantes, las perversiones sexuales y también los desórdenes alimentarios crónicos; todas ellas reveladoras de un sufrimiento psíquico extremo.

Nuestro tiempo, convulso e impaciente, asiste a la ausencia de ideales sociales de cambio, como hasta hace unas décadas teníamos por doquier. ¿Cómo harán las nuevas generaciones para contribuir a transformar la realidad y reinventar y construir soluciones para los complejos desafíos que hay y que vendrán? Una respuesta sencilla para este interrogante está en la presencia de adultos que aguanten la toma, se sostengan ante el conflicto generacional que le planteen sus hijos, sin subestimarlos, ni desatar una confrontación salvaje y/o destructiva. Una suerte de pulseada para fortalecer y no para ganar. O como reza la frase de Winston Churchill: “Las cometas se elevan más alto en contra del viento, no a favor de él”.

Acompañar es el verbo clave, escuchando al joven y ayudándolo a encauzar sus inquietudes. No es tarea sencilla pues requiere paciencia y también entusiasmo. El adolescente comienza a desear: esa es su tarea. Progresivamente ensaya caminos nuevos que lo pueden alejar del trillo doméstico y en el peor de los casos ponerlo en peligro. Un adulto, en estas circunstancias, es aquel que está, no como un amigo para aplaudir sus ocurrencias, sino para oficiar de interlocutor, propiciar la interrogación sobre sus pensamientos y acciones, escuchando lo que el joven tenga par contar. Generar tiempos de espera que acoten la impulsividad es el resultado de un espacio a crear y configurar entre un adulto y un joven. La autoridad que brinda la adultez no está en la sapiencia, sino en la paciencia que se deriva de haber vivido. Adultez para escuchar más que para contar.

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