V.U.C.A.virus

Se termina julio y con él un mes más junto al amigo Covid-19 entre nosotros, enfermedad novedosa y en numerosos aspectos aún una desconocida. Julio se va y con él también los festejos, en nuestro Uruguay, del día del padre y del día del amigo, oportunidades para reunirnos y celebrar que aún estamos por acá, que podemos encontrarnos y también corroborar que no todo acontece en Zoomlandia.

Desde ámbitos militares y extendido luego a los negocios y el management, el acrónimo en inglés VUCA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) se popularizó para describir el entorno o contexto actual. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman hizo lo suyo calificando de ‘líquidas’ a las sociedades que hoy habitamos, a las que dijo que las caracteriza la incertidumbre, la inseguridad y la vulnerabilidad.

Mis metáforas para pensar este tiempo son el rock & samba y el bosú, para diferenciarlos de la calesita y la caja de gimnasio respectivamente. En pocas palabras ambas imágenes describen que nuestro tiempo ya no es estable y predecible, sino que por el contrario se ha tornado bastante volátil y por momentos caótico. Nuestro mundo se ha convertido en un gran bosú, como esas semiesferas de látex que se usan en los gimnasios y con las que potenciar el equilibrio, aumentar la fuerza y resistencia, así como mejorar la postura corporal.

Nuestro mundo se ha convertido en un gran bosú en el que las sociedades tratan de hacer equilibrio y en el que la coordinación, la confianza y la colaboración son cruciales.

La nuestra no es una época cualquiera. Es más que eso: es un cambio de época y muchas de las generaciones que estamos navegando este tiempo supimos crecer en tiempos pre internet y ahora nos asombramos con los avances que, en las últimas dos o tres décadas, nos trajeron los avances tecnológicos así como el saber omnipresente de la ciencia.

La globalización no es un asunto nuevo. Desde que Colón y otros navegantes allá por el siglo XV y XVI comenzaran a recorrer el globo en sus carabelas, el mundo comenzó a convertirse en un lugar más chico. Hoy, en pleno siglo XXI, eso ya es un hecho. La mundialización y el acortamiento de las distancias, fundamentalmente gracias a los avances tecnológicos, han convertido, como dijera Thomas Friedman, en plana a la tierra.

Friedman no es un terraplanista, sino un periodista que hace casi tres lustros habló de la tierra como plana para referirse a la nivelación del terreno para la competencia entre empresas, la pérdida de relevancia de las fronteras así como para el ingreso de China e India (con sus casi 3.000 millones de habitantes) en la economía de mercado global. A casi 15 años de publicado el libro podemos decir que el vaticinio de Friedman era acertado en muchos sentidos pero no tenía entre los planes al coronavirus que se diseminó a fines de 2019 desde China; Covid-19 que obligó a países de todo el mundo a cerrar fronteras, pausar las economías, poner bajo cuarentena a sus poblaciones, detener lo que considerábamos normalidad y dar paso a la nueva normalidad en un mundo post-pandemia.

No hay dudas: nuestro época es vertiginosa. Si hace siete u ocho siglos el virus de la Peste Negra tardó casi tres años en viajar por la ruta de la seda antes de llegar a Europa, el Covid-19 probablemente no demoró ni un día en llegar en el cuerpo de algún pasajero aeronáutico. Con la misma velocidad que el virus se trasladó de una punta a otra del globo, también esperamos que llegue el remedio, la vacuna salvadora. Mientras esperamos no queda otra opción que aceptar y soportar la coyuntura.

Esta pandemia es el lado “b” de la globalización. Si en el “a” teníamos el consumo, los viajes, la posibilidad de ir y venir sin frenos, todo lo chino a precios bajos, “the happy life”, el “nothing is impossible” y la ilusión de un progreso lineal ascendente, en el “b” la pandemia no está sola. Junto a ella se encuentra la naturaleza vulnerada, con deforestación, especies en extinción, incendios forestales y cuencas fluviales y ecosistemas agredidos, entre otros. Estamos descubriendo que no todo es cálculo y algoritmos, que hay otra cara de la globalización más allá de aquella que disfrutamos.

El Covid-19 nos tiró del trapecio

Imaginemos un circo y un show de trapecistas. Allí están, exhibiendo sus destrezas y habilidades, hasta que sucede lo indeseado: uno de ellos no logra prenderse de su compañero de acrobacias y cae al vacío. No habría problema si lo que hay debajo es una red que sostenga, contenga y ampare al sujeto que viaja hacia el suelo. Ahora donde decía “trapecistas” lea personas cualquiera, incluso usted mismo, e imagine si se queda sin aquello que lo cobija, alberga y contiene, llámese esto país, familia o trabajo.

La conclusión parece bastante obvia: el coronavirus ha desmantelado proyectos de toda naturaleza y se ha constituido en un evento disruptivo.

Donde antes habían proyectos de toda índole, desde personales, familiares, comunitarios y hasta de países, hoy lo que reina en el aire es el temor al futuro, la angustia, la desesperanza y también la bronca. No es fácil albergar hoy sentimientos de tranquilidad y optimismo. Ahora bien, y hay que decirlo: todo esto son reacciones de personas normales antes situaciones extraordinarias.

Tanto la OMS como el mismísimo sentido común nos dicen que esta disrupción tiene todo el potencial para devenir en traumatismo. Lo que actualmente le sucede a numerosas personas es esperable y no hay razón para patologizar a priori comportamientos y emociones que hoy por hoy están experimentando muchas personas.

Hay que estar atentos, conforme vaya pasando el tiempo, a los efectos que esta situación pueda ir dejando en las personas. En tiempos de peligro como los actuales es esperable que se active un mecanismo psíquico de defensa primitivo llamado disociación, que ayuda a separar lo bueno de lo malo, a efectos de que este último no destruya al primero. Dicho en criollo: le decimos adiós a los grises y pasamos a funcionar en modo blanco/negro. Un estado de la mente así, que podríamos llamar fundamentalista, funciona con dos polos, el amor y el odio, además de caracterizarse por la intolerancia a las ambiguedades y por un deseo de certezas y soluciones rápidas.

En numerosas personas es la incertidumbre lo que domina el cuadro general y la vida cotidiana. No hay dudas sobre que estamos ante la amenaza de la enfermedad y eventualmente de la muerte, así como también de una crisis económica, la pérdida de fuentes de empleo y las consiguientes vivencias de  desamparo. Todo esto no es menos cierto que la conmoción emocional que esta situación probablemente provoque.

Estar atentos, para contener y mitigar los dolores del alma que ya están y que también se avecinan, rima con actuar más que con esperar. Estar atentos implica, para los agentes y técnicos que trabajamos en salud mental, no solo atender en el consultorio particular sino también salir al ruedo y animar a nuestros semejantes a hacer algo con esta emergencia. Es este un buen tiempo para descubrir, para abrir caminos nuevos y también aceptar que de esta gran crisis podemos salir transformados.

¿Nos enseñará algo esta crisis? ¿Elegiremos aprender algo de ella? Son preguntas generales con respuestas singulares.

Responder en modo blanco/negro nos conduce hacia la pretensión de controlar, predecir y prevenirnos de todo lo que podría llegar o suceder, anhelando también verdades y certezas universales. Y sin embargo el bosú no para de moverse. La vida es movimiento y se expresa a través de integrar dinamismo y estabilidad.

Aún cuando el encierro, los procesos de duelo y la crisis económica y social que estamos viviendo deriven en más personas con problemas psicológicos, la apuesta y el desafío son bien claros: se trata de lograr una suerte de inmunidad psíquica a través de la creatividad y la puesta en acción de proyectos personales o colectivos.

Aunque sea fácil decirlo más no llevarlo a cabo, cabe recordar que a los peligros no habría que huirles ni negarlos. Mejor cosa es aceptarlos, reconocerlos, visibilizarlos y comprenderlos, como paso previo para actuar y transformar lo incierto en conocido.

Vivimos un tiempo de pensar corto, del ola a ola, no de grandes planificaciones y esmerados análisis. El bosú se mueve y de la confianza y colaboración de todos los que estamos parados en él depende nuestra supervivencia.

Aunque es una expresión de deseos, quiero creer que lo que alumbrará este 2020 es un tiempo de mayor consciencia, reflexión y comprensión. Así como los otros contagian también ayudan. No estamos subiendo ni avanzando, estamos juntos y necesitamos colaborar más y mejor para pensar y actuar coordinadamente. Vienen tiempos de invención, ensayo y esfuerzo, con miras a forjar modos de ser y estar en el mundo menos atados a la felicidad empaquetada que vemos en las pantallas y más centrados en las satisfacciones que se derivan de los proyectos compartidos que procuran hacer de este mundo un lugar más habitable.

2 comentarios sobre “V.U.C.A.virus

  1. La incertidumbre es lo que caracteriza este instante de la vida humana. No es fácil transitar por ella. Los que hemos vividos cuestiones extremas sentimos que estamos en un deja vu, pero con la experiencia de saber que se sale.
    Lo difícil es ver a todos aquellos, que tenían su vida estructuradamente perfecta y nunca pensaron que algo así les podía ocurrir, como cada pieza se va moviendo de su tablero desordenadolo todo. Para gran parte de la gente es lo que pasó y no encuentran consuelo, porque la vida no le había dado oportunidades para desarrollar su resiliencia. Este es el momento. De empezar muchas veces de nuevo, de reinventarnos, de ver a nuestro alrededor y pensar en cómo transformarlo, de ayudar a quienes nos necesesitan. Sobretodo de volver a nuestras raíces humanas que tanto habíamos perdido. Cómo no en vano dicen los especialistas, este momento debemos aprovecharlo como una oportunidad para crecer y ser más fuertes, para mejorar nuestra parte humana, para crear oportunidades que favorezcan a nuestro prójimo.
    Y entender, de una vez por todas que esto es parte de la vida. Todos los sentimientos que nos afloran lo que muestran es que estamos vivos.

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    1. Raquel, qué lindo seguir conversando! Me gustó lo que escribís acerca de que se puede salir, de las vidas estructuradas y perfectas, de ver en esta coyuntura la oportunidad para “barajar y dar de nuevo”. Las crisis tienen ese potencial. Ojalá podamos todos, algunos un poco más y otros un poco menos, elegir hacer algo con este inédito momento. Abrazo y hasta el próximo post!

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