Dejate de joder… digo, de medir

En un quirófano y producto de un ataque cardíaco, Ehud Arye Laniado falleció hace unos días a los 65 años mientras se le practicaba una operación de agrandamiento de pene. Ciudadano belga-israelí, Laniado era un empresario multimillonario dueño de la empresa de diamantes “Mercury Diamond”. Fuentes consultadas por la prensa habrían aseverado que el difunto padecía de Complejo de Napoleón debido a su baja estatura, al tiempo de estar “obsesionado con su apariencia y en la imagen que las demás personas percibían de él”.

En varios posts de este blog me he referido al tránsito que estamos haciendo de un mundo estable y predecible (mundo calesita) a uno volátil e incierto (mundo rock & samba). El orden socio-cultural en el que vivimos ha puesto en el pedestal categorías ideales y universales que giran en torno a la felicidad, la plenitud, la salud, todas ellas de la mano de la ciencia y la tecnología como medios para su alcance. Al mundo en el que vivimos no le gusta la muerte, la enfermedad, la tristeza ni los duelos. Prefiere sustituir a procesar.

Ombligo, ombliguito… Larry Smarr es un astrofísico que con el tiempo dejó de mirar los cielos para atender otro asunto, su materia fecal, que también rastrea diariamente junto a otros indicadores como temperatura, presión arterial, ritmo cardíaco, etc. Smarr es parte del movimiento global The quantified Self (El Yo Cuantificado), que reúne a miles de personas que se dedican a autorastrear(se) (selftracking), atendiendo permanentemente su panel o tablero orgánico, su cuerpo biológico.

En su libro Overdiagnosed: making people sick in the pursuit of health  (Sobrediagnóstico: cómo enfermar a la gente en la búsqueda de la salud), el Dr. H. Gilbert Welchgilbert.jpgprofesor de medicina en el Dartmouth Institute for Health Policy and Clinical Practice (Instituto Dartmouth de Política Sanitaria y Práctica Clínica) se interroga sobre los límites del proceso diagnóstico, en especial sobre la población sana, puesto que la acción de pesquisa constante tiene un potencial enorme para disminuir la esperanza de vida libre de enfermedad, incrementando la sensación de vulnerabilidad y la dependencia de las instituciones médicas. Los terroristas acechan, por aquí y por allá, en el norte y en el sur, así como también dentro de nuestros organismos. La consigna, al estilo Smarr, es ubicarlos, rastrearlos y estudiarlos, prontos a descubrir anomalías para juzgar(nos) enfermos. Mide y mide, rastrea y rastrea, hasta que más tarde o más temprano descubras que algo va mal.

Necesitamos menos ombligo y más inteligencia para encuadrar y contextualizar las problemáticas que acechan en este tiempo. Una gran mayoría de los sufrimientos actuales resultan insuficientemente comprendidos y tratados si son abordados solamente desde un paradigma biológico/tecnológico/farmacológico. Excluyendo los determinantes socio-culturales  y atendiendo solamente los biológicos, abonamos la idea de que todo es individual y exclusiva responsabilidad de la persona.

Nuestro tiempo está como nunca antes obsesionado con la felicidad y el bienestar, que en sí mismo resultaría sensato si estuviera conectado a la sensibilidad, historia y particularidades de las personas, tanto como de las variables culturales y sociales de aquellas. La felicidad está a la venta y nos la ofrecen en las pantallas con las que convivimos, ya sea tomando la chispa de la vida y/o comiendo una cajita feliz.

Don’t worry, be happy. En este marco general donde estar feliz se impone casi que como una obligación, la gestión y domesticación del cuerpo se erige como uno de los objetivos fundamentales. Así pululan las apps sobre salud, las ofertas para adelgazar, los cosméticos anti-envejecimiento y las cirugías.

Este siglo XXI en el que estamos, a diferencia del pasado, ha puesto al cuerpo, globalización mediante, en el centro de la escena. Si antes se lo ocultaba hoy se lo exhibe, al igual que la sexualidad, alejada del erotismo para asemejarse a un deporte, donde lo relevante es rendir y funcionar… viagra foreverTodo lo que huela a muerte y decrepitud es expulsado, alejado.

Adiestrar, producir, rendir, controlar y mejorar son hoy los verbos estrella. Lo singular pierde ante las respuestas que la ciencia y la tecnología recubre con los adjetivos general y objetivo. Nuestro cuerpo es mucho más que un organismo biológico. Es un cuerpo atravesado por el ánimo, los deseos y las emociones de aquellos que nos hicieron humanos, cuando cada uno de nosotros apenas éramos un cúmulo de instintos. El cuerpo de cada uno, así como la sexualidad que también le atraviesa, es un cuerpo que tiene escrito sobre si un sinfín de palabras y frases. Es también y sobre todo un cuerpo atravesado por el lenguaje.

Llegados hasta acá, cabe preguntarse acerca de las palabras inscriptas en el cuerpo y más precisamente en el miembro viril de Ehud Arye Laniado, cuando decidió entrar al quirófano… ¿para estar a la altura y medir y funcionar más y mejor?

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