Los deslices de la felicidad

Hay canciones que primero nos llegan por la música y eso me pasó con Ofertas para curarse, de El Alemán, Spuntone & Mendaro. Me gusta mucho su melodía. La escucho, vuelvo a escucharla y, entre las palabras que la acompañan, hay una frase que se me quedó dando vueltas:

Me hizo pensar en la cantidad de indicaciones que recibimos acerca de cómo vivir mejor. Cómo descansar, cómo alimentarnos, cómo relacionarnos, cómo gestionar nuestras emociones o cómo alcanzar el bienestar.

Muchas de esas orientaciones pueden ayudarnos, pero a veces, casi sin advertirlo, se convierten en nuevas exigencias. Como si, además de atravesar nuestras dificultades, tuviéramos que hacerlo correctamente.

Y así, al sufrimiento que ya tenemos, se agrega otro: el de no estar pudiendo ser felices como supuestamente deberíamos.

Me quedé pensando también en esa palabra: desliz.

A veces, algo se aparta de lo previsto. Una reacción que nos sorprende, una duda que aparece cuando creíamos tener todo claro, una palabra que se nos escapa. No siempre sabemos qué hacer con eso y quizás tampoco sea necesario saberlo inmediatamente.

Pienso también en el consultorio. En cuánto puede significar para alguien encontrar un espacio donde no tenga que demostrar que está bien, que está mejorando o que sabe qué hacer con lo que le pasa. Un lugar donde pueda aparecer la experiencia, incluso cuando ésta sea contradictoria, incómoda o difícil de poner en palabras.

Sigo escuchando la canción por su melodía y ahora esa frase me acompaña de otra manera. Me recuerda que la vida difícilmente pueda ajustarse a un protocolo, y que a veces aquello que se sale de lo previsto merece ser escuchado antes que corregido.


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