Un nuevo año llega a su fin y con él los diferentes cierres de proyectos profesionales en los que he venido participando, casi todos ellos desde mucho antes de este 2019. En el post anterior estuve contando la tarea que realizamos junto a dos colegas en la Fundación Clarita Berenbau, en los Grupos de Apoyo Psicológico para pacientes oncológicos y sus familiares. En esta oportunidad voy a compartir lo hecho en el marco de la Alianza de Pacientes Uruguay.
Categoría: Formación
Autonomía, personas y equipos
En el mundo actual se avecina una ola de cambios que más temprano que tarde hará que nuestra forma de trabajar sea casi irreconocible, para los líderes/referentes/jefes, así como para los trabajadores de cualquier tipo de organización, sea esta privada o pública o con o sin fines de lucro. Para tener éxito, en la actualidad como en el futuro cercano, las organizaciones necesitan descubrir nuevas formas de organizarse, desempeñarse y ser lideradas, junto con nuevos enfoques para reclutar, seleccionar, desarrollar e involucrar a sus colaboradores.
Del cajón al bosú
Dale que te dale con el rock & samba para metaforizar el mundo en que vivimos, muy distinto al agonizante mundo calesita. Si en este último lo que reinaba era la estabilidad y la certidumbre, en el actual contexto lo que predomina es el movimiento y la imperiosa necesidad de mantener el equilibrio, concepto estrechamente relacionado con el de movimiento.
Jefe Mike
En 1977 Bruno Bettelheim, psicólogo y psicoanalista austriaco, escribió un libro clásico dentro de la psicología que tituló Psicoanálisis de los cuentos de hadas, en el que abordaba la influencia que podían ejercer los cuentos de hadas en los niños, entre ellos los más conocidos en la cultura occidental: Caperucita Roja, Cenicienta, Blancanieves y Hansel y Gretel. En una entrevista afirmaba que esta clase de cuentos ayudan a los niños a explorar el mundo de la realidad interior, con el fin de permitirles sortear los obstáculos que encontrarán en el camino del desarrollo que conduce a la madurez. Bettelheim murió en 1990, no conoció internet y tampoco tuvo la oportunidad de ver las películas de animación que ha lanzado Pixar, destinadas a los niños y con mensajes para los no tan chicos.



