Perdidos no, dorados sí

A la adolescencia llegué tarde en algunas cosas, entre ellas a la música. Gracias a lo que por entonces escuchaban los amigos del barrio al que me mudé por esa época (el Prado en los años ’90), es que conocí la música de AC/DC, Led Zeppelin, The Smiths, Metallica e Iron Maiden, entre los más conocidos.

De la banda británica fundada en 1975 por el bajista Steve Harris, considerada una de las más importantes de heavy metal de todos los tiempos, hay una canción que destaca entre otras tantas, también estupendas. Lanzada por Iron Maiden en setiembre de 1986, Wasted years (en español: años perdidos) fue escrita por Adrian Smith y es la segunda canción del álbum Somewhere in Time.

Junto a Run to the hills, Aces High, The Trooper, 2 minutes to midnight y Fear of the dark, Wasted years es de las canciones más tocadas y celebradas por los fans en los conciertos. En su estribillo la canción dice lo siguiente:  

So understandEntonces entiende
Don’t waste your time always searching for those wasted yearsNo pierdas tu tiempo siempre buscando esos años perdidos
Face up, make your standCara al frente, ponte de pie
And realize you’re living in the golden yearsY date cuenta de que estás viviendo en los años dorados

Derechito al arco

Sobre Messi he escrito en varias oportunidades, sobre todo para referirme a cuestiones organizacionales, pero no lo he hecho para hablar de fútbol. Verlo jugar ahora no es muy diferente a apreciar lo que hacía 20 o más años atrás, cuando era un niño y ya descocía la pelota.

No hay dudas, ¿verdad? Es un genio, está despegado y desprende talento por donde se lo mire. Messi es sinónimo de acción y resolución, de persona que decide y asume la responsabilidad de encarar e ir derecho al arco. Messi no es timorato a la hora de pedir el balón y enfilar hacia la meta. Sabe lo que quiere y ahora, a diferencia de cuando era niño, juega incluso mejor porque también lo sabe hacer en equipo. Messi no está pendiente del reconocimiento de los otros, llámese entrenador, público o dirigentes. Al igual que en su tiempo lo hizo Pelé y Maradona, Messi es desde hace más menos una década la estrella por excelencia en el firmamento del fútbol mundial.

Dentro de veinte años lamentarás más las cosas que no hiciste que las que hiciste. Así que suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa el viento en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.

Mark Twain

No es la foto, es la película

El tiempo en que vivimos es un cambio de época que se deriva de las transformaciones que vienen provocando los cambios tecnológicos que ya todos conocemos. Por si eso resultara poca cosa, en este 2020 se le ha sumado el Covid-19, que ha traído consigo esta crisis monumental que aún tenemos que, con paciencia y esperanza, seguir a veces soportando y siempre que podamos aceptando.

Con este marco de fondo, las palabras cambio, zona de confort y productividad se han convertido en los últimos años en conceptos de moda alrededor de los cuales se dicen un montón de cosas, desde que hay que optimizar el tiempo y ser la mejor versión de nosotros mismos, hasta rendir para ser felices y enfrentar los problemas para resolverlos “ya”.

Mañana comienzo… la dieta, el gimnasio, a estudiar, a buscar otro trabajo, a ir al psicólogo para destrabar tal o cual cosa… y mañana nunca llega. Procastinar o (en criollo) patear la pelota para adelante, es un mecanismo que nos aleja del actuar con “a” en mayúsculas, del actuar resolutivo y comprometido, del actuar a lo Messi, derecho al arco.

En nuestro tiempo abundan las distracciones que hacen de la demora un común denominador. Así, el arco siempre queda lejos y una certeza el seguir habitando el mundo de las hadas madrinas y los genios de la lámpara.

Si hay un abismo o una zona de no confort esa no está en el exterior sino en el interior de cada cual. Provoca más pánico el encuentro con uno mismo que aquel que acontece en el encuentro con los otros. El tiempo en que vivimos es el de la inmediatez generalizada y la satisfacción “aquí y ahora”, del presente continuo y la abolición de los procesos.

Acción o actuar con “A” mayúsculas no tiene que ver con el actuar Prêt à Porter o listo para llevar que nos proponen las redes sociales o las revistas de moda o de deportes, esos recetarios que traen soluciones universales para historias singulares.

La acción que se aleja de las inhibiciones y la procastinación es aquella que provoca angustia, que nos compromete, que nos enfrenta a la posibilidad de la impotencia. Dicho de otra forma, es aquella que nos enfrenta a probar las capacidades así como a descubrir también las (nuestras) limitaciones. Es la acción que se aleja de la pausa y el stand by, del mundo ideal de las hadas y los genios y se acerca al mundo de lo posible, donde nada está garantizado y donde hay menos ataduras a las indecisiones, cobardías y automatismos que en cada cual laten.

Donde está tu miedo, ahí está la tarea

Carl Jung

Iron Maiden le canta a los años dorados que viven en el hoy y se mueren cada vez que no duelamos lo que pasó o no aconteció. La banda británica le canta a la potencia que late en el presente, pero no en el presente de las checklists onanistas que nada tienen que ver con el juego, con el fútbol, resolutivo y comprometido del Messi que en cada uno habita y aguarda para ser encendido.

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