Liderar(se) en la era de las redes

Con el seudónimo de B. Lynch Davis, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares escribieron en 1946 Del rigor en la ciencia, un cuento corto que habla de un imperio en donde los cartógrafos trazan un mapa tan detallado (en escala uno a uno) que termina cubriendo todo el territorio. 

En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas. – Suárez Miranda, Viajes de Varones Prudentes, Libro Cuarto, Cap. XLV, Lérida, 1658 –

Repetidamente en este blog me he referido al cambio de época en el que nos encontramos inmersos, consistente en el pasaje de un mundo ordenado y previsible (yo lo denominé mundo calesita) a otro volátil e incierto (mundo rock & samba lo llamé). Esta transición en que estamos también impacta en las organizaciones, desde una familia a una empresa, así como en una organización sin fines de lucro y hasta en un país.

En el mundo (no que viene sino) que ya está entre nosotros, la ventaja competitiva está en la capacidad para desplegar un liderazgo híbrido, como esos autos que comienzan a copar al mercado y que combinan nafta y electricidad para propulsar al vehículo.

Las organizaciones necesitan líderes y referentes híbridos, que combinen las fortalezas de la jerarquía (comando y control) y de la red (comunidad y conectividad).

Estructura vertical y libertad horizontal. Estamos en un cambio de época en el que es necesario comprender y tener bien presentes las fortalezas y debilidades de ambas concepciones; y sobre todo de cuándo es óptimo habilitar una y cuándo habilitar la otra. El tiempo y el espacio son fundamentales y por ello un líder híbrido pendulará, a la hora de enfocar un asunto y tomar decisiones, entre la estructura vertical de las jerarquías (la vieja y querida pirámide organizacional) y la libertad horizontal de la comunidad.

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Como en el subeybaja, el líder híbrido hará equilibrio entre la conexión y aprendizaje de la comunidad y la disciplina y la obtención de resultados del comando y control. En cualquier organización del siglo XXI la clave no está en marchar unidos sino en atacar unidos.

La distinción verbal es clave y no una trivialidad. Atacar unidos, jugar en equipo, tiene que ver con favorecer un empoderamiento descentralizado. O en otras palabras: vivir en la mente de los colaboradores, como un virus positivo, fomentando la autonomía y habilitando y liberando los espacios de decisión.

El líder o referente en algo ha de ser una suerte de jardinero, que crea el contexto primero para que anide la semilla y luego para que ésta, con el tiempo, se convierta en una planta. En el proceso la regará y la pondrá al sol, la protegerá de las inclemencias del ambiente así como de los yuyos malos. Ser cuidado, cuidarse y cuidar de los otros. Hay un equilibrio necesario entre estas tres conjugaciones del verbo cuidar.

Nido y alas, comunidad y jerarquía, función materna y función paterna, son expresiones del necesario pivoteo que hoy tiene que poder desempeñar quien está a cargo de algo. En un entorno dinámico, la certeza está en el equilibrio que proveen las narrativas de alineación, aquellas que hasta hace 20 o 30 años brindaba un sólo trabajo para toda la vida, la religión o la política con su izquierda y derecha clásicas.

La fuerza de una causa, de un por qué, de un propósito. En un mundo en el que están escaseando esos marcos de sentido globales (trabajo, religión, política) se vuelve necesario que un conjunto de actores se reúnan en torno a un propósito común, condensado en una narrativa (un cuento) que inspire a la acción y logre combinar razón y emoción, al tiempo que aloje e hilvane historias diversas.

Un cuento que una a las personas (que brinde foco y sobre todo significado), un fomento de la interconexión, la adopción de un ritmo operativo (que combine el tamaño y velocidades de elefante y gacela) y el reforzamiento de espacios de decisión descentralizados son los desafíos que tiene entre manos cualquier organización actual.

La masa industrial ha estallado y la fragmentación de actores sobre el escenario hace oscilar permanentemente los niveles de desconfianza e incertidumbre, como un subeybaja que tiende a moverse bruscamente. Reducir esa fluctuación es una tarea de carácter permanente que demanda de líderes y referentes que operen como arquitectos sociales o, si se quiere, como jardineros, preparando el contexto para favorecer el desarrollo. Actualmente constituye una estupidez mayúscula pretender tapar el sol con la mano o la realidad con un mapa, como hicieron los cartógrafos del cuento de Borges y Bioy Casares. La complejidad del mundo actual exige cintura, exige pegar con la izquierda y pegar con la derecha, exige líderes híbridos, exige equilibrio.

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