Merlí

Hacía un tiempo que venía escuchando comentarios sobre la serie de parte de amigos y conocidos, hasta que hace un par de semanas me zambullí en ella y ahora estoy por terminar la tercera y última temporada. A mi juicio y en pocas palabras estamos ante una muy entretenida serie, que aborda el mundo adolescente en una ciudad del primer mundo, haciendo eje en las idas y venidas de un profesor de filosofía con métodos poco convencionales.

Merlí es aire fresco entre tanto fútbol, producto televisivo mediocre o el azucarado estilo Disney. La serie se desarrolla en la ciudad de Barcelona y creo que su principal punto fuerte, entre las muchas aristas que tiene, es poner sobre la mesa lo necesaria presencia de adultos para orientar y guiar a los adolescentes. Y no es que Merlí sea un adulto con todas las letras, puesto que así como aún vive con su madre aún entrado en su cincuentena, también se comporta como un adolescente a la hora de relacionarse con sus pares profesores y autoridades del liceo (educación secundaria).

Las circunstancias que rodean a estudiantes adolescentes, su vida en una institución educativa y también el rol de la filosofía como telón de fondo a la narración no es algo nuevo que llegue de la mano de Merlí. Por lo menos en el cine y en la literatura tenemos varios ejemplos. El mundo de Sofía y Más Platón y menos Prozac son dos libros de las últimas décadas que más recuerdo, así como el recientemente editado del autor argentino Darío Sztajnszrajber, Filosofía en 11 frases. En el cine, de lo más destacado, puede que me olvide de algo, es el clásico de 1989 con Robin Williams como protagonista: La sociedad de los Poetas Muertos.

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Merlí retrata la vida de un grupo de adolescentes en una Barcelona caracterizada en crisis institucional, social y política. La serie no escatima críticas a los estamentos gubernamentales, poniendo también sobre la mesa los recortes presupuestarios en que se encuentra la educación pública. Es obvio que la realidad que uno observa de esta Barcelona primermundista y su crisis dista en muchos sentidos de las crisis y sus características en Latinoamérica y nuestro Uruguay. No obstante, lo que sí parece común a buena parte del mundo, por lo menos el occidental, es cómo está presentado el sistema educativo.

En este sentido, Merlí constituye un personaje disruptivo, al tiempo que talentoso y también narcisista. Disruptivo respecto a la gran mayoría de sus pares profesores, quienes son presentados en la línea de la apatía y cierto desinterés.

Merlí le pone el alma y el cuerpo a las dificultades de los alumnos, acompañándolos cuando estos lo necesitan y sus padres están ausentes, semiausentes o simplemente desconectados de sus hijos. Merlí parece la última barrera adulta evitando que estos jóvenes se precipiten al vacío.

La serie nos sumerge en las peripecias de estos adolescentes, que van desde las relaciones de pareja, los celos, las drogas, el sexo, la muerte, hasta las enfermedades, la adopción, el suicidio y la soledad. Gerard, Pok, Oksana, Iván, Tania, Berta, Oliver, Joan y Mónica representan diversas problemáticas personales y grupales, poniendo en contexto las alianzas, traiciones, manipulaciones y negociaciones que viven adolescentes y muchas veces los más crecidos en años.

Estos jóvenes, para lidiar con sus fantasmas y demonios, encuentran en Merlí a alguien que los escucha y acompaña, utilizando como fondo para cada capítulo a un filósofo (antiguo o contemporáneo) y sus conceptos.

Aunque es mejor que la nada, que la inacción, encontramos en Merlí a un sujeto narcisista, a un sujeto que se convierte en la estrella, en el diferente, cada vez que saltándose las normas institucionales intenta abordar e intervenir en algún asunto.

Más allá de la fascinación que provoca el personaje, por lo irreverente y subversivo, Merlí queda como un escapado del pelotón y no como parte de él. Sus métodos pedagógicos rompen con la lógica industrial que conocemos y en las que muchos crecimos, en el “sentate, callate, escucha y repetí” y en el pasémonos 10-12 años escuchando al adulto de turno y viéndole la nuca al compañero de adelante.

Hilando fino. Merlí saca a la función de enseñar del piloto automático y la vuelve artesanal, ajustada a la medida de su clase y de cada uno de sus alumnos. Tal vez peca la serie y su personaje en no ofrecer una alternativa que involucre al colectivo de profesores en su conjunto o incluso a toda la institución. Merlí es él y punto y está muy bueno porque es mejor que la nada, pero sería estupendo si se trabajase en favor de crear una cultura que fuera menos profesor-céntrica y más alumno-céntrica. En eso quizás Merlí no de la talla, puesto que se aleja de su condición de adulto cuando aparece otro profesor igual de copado y él se siente celoso y se pone a competir por ver quién es el mejor. Merlí es humano !!

En síntesis: estamos ante un producto muy entretenido y que nos invita a pensar y reflexionar, por lo cual la propuesta es bienvenida y ojalá se replique pronto. Asimismo, nos propone que nos cuestionemos, desarrollemos el pensamiento crítico y ubiquemos en nuestros horizontes hacer lo correcto más que correctamente las cosas. Nos invita a prestar más atención al bosque que al árbol, a atender nuestra brújula interior más que al reloj.

6 comentarios sobre “Merlí

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