La hora de los cerdos

La había escuchado anteriormente y fue en los últimos días que me reencontré con la frase. Por lo que estuve investigando se le atribuye al australiano Richard Pratt y dice así: “en un plato de huevos con panceta, el cerdo está comprometido, mientras que la gallina sólo está implicada”.

Más allá de alguna línea interpretativa sobre el alcance de los conceptos comprometido e implicado, creo que la cuestión clave, al menos para mi gusto, pasa por qué significa estar comprometido, cómo juega eso en la dinámica de un equipo (pareja/familia/organización) y cómo ambas cosas se relacionan.

En varios posts de esta página he escrito sobre las características del cambio de época en que nos encontramos, notablemente signado por la instantaneidad, el vértigo y los ideales ubicados en el yo, en los ombligos de cada persona.

No parece este un tiempo en que abunde, ni mucho menos se exalte, la interioridad, la reflexión, la pausa y el bucear dentro de uno. Así las cosas, resulta paradójico que en épocas donde la autorrealización y la felicidad personal sean los premios mayores de la lotería, muchas personas se encuentren envueltas en trastornos depresivos y muchas otras con serias dificultades para imaginar y poner a andar alguna suerte de proyecto personal y/o profesional.

Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo

– León Tolstoi

Tal vez sea este el mayor desafío, como afirma el escritor ruso: comenzar el cambio comenzando con uno, predicando con el ejemplo, revisando los nudos y los guiones repetidos que mantienen a una persona en la misma posición ante el mundo.

Imagine por favor una línea recta y en cada extremo dos sujetos. En uno de ellos un narcisista de este tiempo (pendiente de su felicidad) y en el otro el Batman que puede habitar en muchas personas (pronto para atender los debo y los tengo que y sin poder acceder a la pregunta sobre qué quiero y quién soy si no soy Batman).

Ahora imagine que esa línea recta (con cada uno de los dos sujetos en los extremos) se comienza a doblar y termina por formar un círculo. Así, lo que tendrá son los extremos juntándose. Lo que parecía estar lejos está más cerca de lo que imaginamos. En conclusión: tanto el narcisista que vive mirándose el ombligo como el Batman que salva a Ciudad Gótica (pareja, familia, hijos, organización, empresa, país) no son muy distintos.

Los une la incapacidad para interrogarse sobre por qué hacen lo que hacen, por qué uno mirándose el ombligo y el otro sirviendo a destajo a los demás no logran tejer y luego fortalecer redes, relaciones.

Para los psicólogos, al menos los que creemos en una psicología dinámica, el cambio y las transformaciones no son solo cuestión de objetivos conscientes sino fundamentalmente de motivaciones inconscientes, de aquello que habita en la parte sumergida del iceberg.

Estar comprometido y no implicado, ser panceta y no huevo, requiere atender el mundo interno, ver qué habita en él, de qué palabras estamos hechos, qué mandatos nos atraviesan y detrás de qué cosas hemos y/o estamos corriendo. Implica salirse del riel por donde circula nuestro tren, nuestro vagón. Implica comenzar a andar por donde no hay camino. Implica revisar el mapa y comenzar a dibujar el propio. Implica, sobre todo, riesgo. Implica tener motor propio y dejar de ser vagón.

La vida es una actividad de riesgo y es este tal vez el mayor aprendizaje con que nos interpela la época en que vivimos. Las certezas tienden a esfumarse y las oportunidades a multiplicarse, en la medida que podamos ver con nuevos ojos y mudar de piel.

El status quo, con sus hábitos, creencias y la incapacidad de visualizarnos siendo parte de algo más grande que nosotros mismos, está siendo un enfoque peligroso. La quietud y la simplicidad están siendo terrenos arenosos, al tiempo que un equilibrio inestable los nuevos terrenos firmes.

Para que haya chispa tiene que haber rozamiento y para que éste se produzca tiene que haber contacto, el que viene acompañado de dudas, cuestionamientos, riesgos y momentos de iluminación, momentos eureka.

En la nueva realidad, en este nuevo tiempo en que vivimos, quien quiera transformar algo tendrá que estar dispuesto a transformarse él/ella mismo/a en el trayecto. El que quiera vivir una vida con sentido tendrá que estar dispuesto a ser menos gallina y más cerdo.

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