El Jefe también sufre

“Tenemos que escaparnos mientras todavía somos jóvenes, porque los vagabundos como nosotros somos nacidos para correr” es la frase más famosa de la canción Born to run que apareció en el disco homónimo que Bruce Springteen publicó en 1975. Conocido popularmente con el apodo de “El Jefe” (The Boss, en inglés), con este disco y este tema Springteen comenzó a edificar su fama mundial.

A primera vista “Born to Run” se trata de una canción en la que el protagonista le jura a amor a su novia y la trata de convencer de que están en el momento justo para fugarse del sitio o momento en el que se encuentran. Una lectura más profunda de la letra se vincula con la historia de Springteen, quien por ese entonces batallaba por despegar con la música y dejar atrás la ciudad (Freehold) donde había crecido y en la cual le esperaba, de quedarse, un futuro preestablecido.

Además de ser uno de sus temas más famosos, Born to run es también el título de la autobiografía de El Jefe. Publicado en setiembre de 2016, en el libro el músico cuenta un montón de historias, como por ejemplo sobre la pobreza de su familia, el papel de su abuela (que lo ayudó born to run memoriasa comprar su primera guitarra eléctrica), el de su madre y también sobre su padre. Doug, así se llamaba su progenitor, provenía de una familia con enfermedades mentales y dice Bruce sobre él: “de pequeño aquello me parecía algo misterioso, vergonzoso y habitual… se parecía un poco a un personaje de Bukowski”, en referencia a su mal carácter, su alcoholismo y su soledad. Springteen cuenta del miedo que sentía hacia su padre cuando vivían juntos en Freehold (Nueva Jersey), admitiendo además que de él heredó algunos de sus demonios, entre ellos los episodios de depresión. En una entrevista a propósito de su autobiografía, El Jefe dirá: “me quedé destrozado entre los 60 y los 61 y entre los 63 y 64. No es un buen historial”.

Como un lago, mar u océano en el que varios ríos desembocan, la depresión también tiene varios afluentes. Así lo expresa Luis Hornstein… las depresiones resultan de una alteración de la autoestima en el contexto de los vínculos y los logros actuales. Lo infantil es reactivado. Las depresiones ilustran la relación estrecha entre la intersubjetividad, la historia infantil, la realidad, lo corporal y los valores y, desde ya, la bioquímica… el desequilibrio que caracteriza las depresiones es consecuencia de la acción conjunta de la herencia, las condiciones histórico-sociales y la situación personal del paciente. Ningún abordaje clínico o terapéutico aislado puede enfrentar eficazmente la depresión”.

Las cifras alarman según la Federación Mundial de la Salud Mental (World Federation for Mental Health), quien en el informe Depression: A Global crisis (Depresión: una crisis mundial) señala que los trastornos depresivos ocuparon el tercer lugar en la causa de carga global de enfermedad en 2004 y llegarán al primer lugar en 2030. Y en esta línea la OMS ha pronosticado que la depresión será la segunda causa principal de incapacidad para el año 2020.

En otro post comentaba: multicausales, las depresiones se expresan en los sujetos por la ausencia de fuerza, valor y futuro. Si lo que pienso y siento sobre mí mismo es poco, es probable que carezca de las fuerzas para actuar en el presente y en consecuencia desarrollar algún proyecto de futuro. Dicho de otro modo podría quedar así: una visión pesimista de sí mismas y del mundo tienen las personas que padecen de episodios depresivos, razón por la cual sus días se convierten en rutinarios, en la tonalidad de los grises y negros y con la ausencia de otros colores que hablen de entusiasmo y alegrías. Los sentimientos de fracaso e impotencia le caracterizan y conforme estos pueblan la vida cotidiana, también disminuye la energía y el interés por el mundo. Así, no es casual que en las personas tristes y depresivas crezcan las dificultades de concentración y de pérdida de apetito y aumenten los pensamientos de muerte o suicidio y sobre todo los sentimientos de culpa

Depresión, culpa e ideales. Así como el autodesprecio, la impotencia y la desvalorización caracterizan a la persona depresiva (no valgo nada, no tengo fuerzas, no tengo futuro), también hay que atender al concepto de culpa. Las personas con depresión es habitual que se sientan en falla o en falta, al punto que procuren muchas veces ser castigados e incluso actúen autopunitivamente. Y aquí la hipótesis: si una persona vive sus actos, pensamientos y/o intenciones con culpa, eso nos lleva a pensar que hay algo o alguien que enjuicia, algún ordenamiento interno dentro de la persona respecto al cual evalúa su accionar. Desde Freud en adelante sabemos que el Superyó es esa instancia psíquica que representa a los ideales, esa instancia psíquica dentro de cada uno donde habitan los “ideales de nuestro yo”. De modo tal, entonces, que los sentimientos de culpa que viven las personas depresivas se corresponden con un “yo” que se ha distanciado, a través de sus actos y/o pensamientos, de sus propios ideales. En otras palabras podríamos afirmarlo así: un sujeto deprimido tiende a juzgarse poca cosa y a sentirse culpable en función de sus propios ideales.

Y una vuelta de tuerca más nos lleva a decir lo siguiente: dime la atención o el acento que pones en tus ideales y te diré cuán culpable y depresivo te podes llegar a sentir.

El nuevo pecado es sentirse infeliz

Nuestra época ya no es la de hace dos o tres décadas. El empuje a la satisfacción permanente es clarísimo y atrás han quedado el mundo pensado como un valle de lágrimas. En la actualidad ser feliz se ha convertido en el nuevo ideal; ser feliz se ha transformado en un deber y no en algo que acontece en algunos momentos. Nuestra época nos obliga a sentirnos felices y cuando eso no ocurre lo que asoma es la culpabilidad. De ahí a la depresión generalizada y la medicalización del dolor sólo hay un paso.

¿Qué tenes para decir sobre lo que te pasa?

Nuestro tiempo poco quiere saber de la angustia que se deriva de los dolores de la existencia. A los duelos, frustraciones y tristezas ya no hay procesos que los sostengan. En esta época la angustia es evitada, ya sea por la vía de la inhibición o por la vía de la descarga. En otras palabras: o deteniendo la marcha o acelerando a fondo. Así no es casual que pululen las depresiones o abunden las patologías del acto (todas las adicciones/dependencias que se imagine).

El estilo civilizatorio en el que estamos viviendo invita a aliviar los males de la existencia a través del consumo en la góndola de turno que esté más cerca. Lo que desconoce este tiempo es que la insatisfacción es constitutiva al ser humano y no se calma comprando objetos (ropa, viajes, autos, casas o lo que se le ocurra). Evitar la angustia es pan para hoy y hambre para mañana, porque significa rechazar la palabra, el relato, la novela singular de cada cual.

Actuar y no pensar no sólo implica el triunfo de lo más destructivo de cada uno, sino también la renuncia a abordar la relación entre la vida que se lleva y los efectos que ello tiene.

Bruce Springteen se hizo famoso cantando que había nacido para correr, probablemente de ese hogar y ciudad que le asfixiaban y le impedían desplegar sus alas. Por una parte, podríamos decir, que lo logró dado que se convirtió en un músico legendario; en tanto que, por otro lado, no está tan claro que lo haya logrado. Los demonios de una infancia convulsionada lo han acechado hasta no hace mucho tiempo y The Boss afirma haberse tratado luego de buscar ayuda.

Si los afectos depresivos son como un mar contaminado, su cura acontece yendo río arriba, vale decir interrogando las causas de los mismos. Quien está deprimido, durante largo tiempo o de forma periódica, es alguien que se niega y/o rechaza pensar y sobre todo alguien que traiciona su capacidad para aceptar, recibir e integrar los demonios que viven dentro suyo.

2 comentarios sobre “El Jefe también sufre

  1. Si, la verdad que muy cierto todo lo que dices de la depresión. Tenemos a nuestro alcance una variedad de formas de comunicación, que nunca antes pudimos imaginar; sin embargo, el lenguaje utilizado esta falto de contexto. Tantas ganas de agradar, de ser los mejores, de aparentar que nuestra vida es la deseada por los demás, … y tanta mentira, una tras otra, no hay droga ni estupefaciente que nos ayude a seguir en ese “mundo feliz”. El minuto de gloria, dura lo que dura, el después, es más longevo y somos incapaces de soportarlo a pesar de tener un cerebro privilegiado.

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