Arme uno si quiere gobernar

Los grandes líderes si hay algo que construyen son comunidades. Lo hacen de varias maneras y durante períodos prolongados de tiempo. Una de las herramientas más efectivas que utilizan para lograrlo es dar forma primero y articular narrativas poderosas después acerca de lo que es posible lograr compartiendo el camino. Los jefes, gerentes y/o referentes organizacionales que son líderes comparten historias sobre cómo se ve y se siente un gran liderazgo cuando las personas se unen en equipos y luego éstos se unen en comunidades, con un sentido unificador de propósito y ambición colectiva.

En el actual contexto social, económico y laboral, es casi que necesario que toda persona a cargo del gobierno de algo (equipo, organización o comunidad) posea unos conocimientos digitales mínimos. Sin embargo, eso no es suficiente, puesto que la habilidad o comportamiento más importante para la efectividad del liderazgo en la actualidad radica en la capacidad para articular un claro sentido de propósito, visión y estrategia.

No hay que deslumbrarse con los avances tecnológicos, puesto que lo que en un inicio de nuestro tiempo parecía viejo ha terminado por volverse nuevo: la claridad de la comunicación como un factor clave en esta época caracterizada por la hipervelocidad.

El poder de una narrativa clara sobre el liderazgo (quiénes somos, qué nos moviliza y hacia dónde vamos) es hoy, quizás como nunca antes, sumamente importante. La ciencia y el arte de gobernar consiste en ver esa (o esas) historia emergente y latente para articularla de una manera que tenga significado e inspiración para una amplia gama de personas. Quien gobierna algo ha de transmitir su pasión y creencias a través de una narrativa que sea poderosa.

La relevancia de encontrar una narrativa de liderazgo. En nuestra era los comportamientos de liderazgo más importantes están asociados con la autenticidad, la transparencia, la confianza, la inspiración, la capacidad de conectarse e invertir en otros, la capacidad analítica, así como la curiosidad y el coraje, entre otros. Estos comportamientos y atributos, por sí mismos  y de manera independiente, sin el contexto necesario para crear significado o catalizar el cambio, corren el riesgo de ser considerados sólo palabras de moda. Las historias ayudan a evitar que suceda esto y es ahí donde entra en juego la creación de una narrativa de liderazgo.

Encontrar y compartir su voz. El desarrollo de una narrativa poderosa exige que quien gobierna tome una posición sobre lo que cree, lo que es y el impacto que espera crear al establecer equipos y construir comunidades.

Los comportamientos y atributos de aquel que gobierna se convierten en su medio de comunicación con los demás, al tiempo de también crear expectativas respecto a cómo compartirán el viaje juntos en la organización. Para encontrar su narrativa de liderazgo personal, un jefe, gerente y/o referente necesita descubrir en él mismo qué significa liderar. Alguien que lidera debe estar dispuesto y ser capaz de mostrar coraje cuando se trata de defender convicciones bien fundadas. Un líder más que hacer correctamente las cosas, lo que hace es hacer las cosas correctas.

Se trata de encontrar una narrativa que contenga en qué cree quien gobierna; una narrativa de liderazgo bien pensada que ayude a crear significado y a motivar e inspirar a los demás.

Cuando una narrativa de liderazgo es bien elaborada y se integra con contenido conceptual de relevancia, tiene la capacidad para magnetizar e involucrar a los líderes en todos los niveles de la organización, quienes podrán, como una suerte de lego, sumarle y enriquecerla con sus propias perspectivas y experiencias.

Construir y elaborar una narrativa de liderazgo comienza con la reflexión acerca de lo que significa, para quien gobierna, ser un líder. Continúa con la puesta en papel de esos pensamientos, que pueden ser viñetas o simples ideas sueltas al principio, para ir tomando forma, poco a poco, hasta convertirse en un esbozo de historia o relato. Lo que sigue es compartir ese borrador de historia con una o varias personas de confianza, entendiendo por confianza aquellos individuos que serán honestos respecto a cuán auténtica se siente la narrativa. 

Cuando la narrativa esté lo suficientemente refinada será hora de probarla y testearla en el terreno, contándola de forma transparente y auténtica. Esa narrativa de liderazgo no debe verse como una historia heroica, sino simplemente como un relato de algo que haya acontecido. Finalmente es crucial que, en el momento y de las personas adecuadas, reciba feedback sobre el impacto que esa narrativa ha tenido, consultando además cómo puede tener un mayor impacto la historia.

No hay dudas de que la forma en que trabajamos está cambiando. Sin embargo, el por qué trabajamos y lo que esperamos lograr a través de nuestro trabajo sigue siendo en gran medida lo mismo: queremos ser parte de algo más grande, algo especial, algo que ayude a hacer de este mundo un lugar mejor. Una historia de liderazgo puede motivar a otros de maneras insospechadas. Bucear en uno mismo y elaborar luego un relato que exprese de manera auténtica, transparente y valiente lo que se cree y lo que se está dispuesto a luchar por ello, permitirá comenzar a unir a las personas en equipos y a los equipos en comunidades.

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