La psicoterapia como arte del umbral

Hay momentos en la vida en los que no estamos “mal”, pero tampoco estamos bien. Seguimos funcionando, cumpliendo, sosteniendo, pero algo ya no encaja del todo. No es una crisis ruidosa. Es más bien un desgaste. Una forma de cansancio que no se va durmiendo ni “poniendo voluntad”.

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Cuando el adulto no aparece

Hay adultos que llegan a terapia pero no llegan del todo. Piden una hora, cancelan, vuelven, pausan, cambian fechas, proponen interrupciones largas sin elaborar, anuncian decisiones unilaterales. La clínica se vuelve extraña, como si el proceso avanzara y retrocediera al mismo tiempo. No es falta de voluntad, ni mala educación, ni desinterés. Es algo más profundo: la persona está funcionando desde un lugar infantil, aunque tenga 30, 40 o 60 años. Y cuando el adulto no aparece, la terapia no puede empezar.

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