Bases y pilares para la prosperidad

Es el edificio más representativo de toda Grecia y uno de los monumentos más importantes de esta antigua civilización. Fue erigido entre los años 447 y 438 a.C. en la parte más alta de Atenas, en la Acrópolis de la capital griega. Consagrado a la diosa Atenea Parthenos, el Partenón fue construido en mármol blanco y concebido para albergar la estatua de doce metros de altura de Atenea. Con unas dimensiones aproximadas de 70 metros de largo y 30 de ancho, está rodeado por columnas en todo su perímetro: 8 en las fachadas principales y 17 en las laterales. De estilo dórico, cada una de ellas mide 10,93 metros de alto y 1,91 de diámetro.

Así como las grandes obras de arquitectura e ingeniería se mantienen en pie a pesar del paso de los siglos, tal como sucede con el Partenón en Atenas, también las organizaciones logran perdurar y también prosperar gracias a bases sólidas y columnas o pilares que aseguran su existencia.

Para crear una organización próspera es relevante crear y mantener un entorno que aliente a las personas a dar lo mejor de sí cada día, a fin de garantizar el compromiso con los objetivos y valores de la organización, así como para que se sientan motivadas y contribuyan a la prosperidad y el desarrollo.

El primer pilar que es importante para construir una gran organización es crear y lograr una sincronía entre el objetivo organizacional principal y el propósito individual. A tales efectos hay que poner el foco en tres dimensiones: conectar, inspirar y comprometer. El segundo pilar para construir una organización que aspire a perdurar es trabajar para comprender a los clientes, generar confianza con ellos y, por último, pero no menos importante, trabajar para ganar la confianza del espacio en el que se opera. El tercer y último pilar para construir una gran organización es la necesidad de innovar continuamente las ofertas, no dando por eterno lo que hoy funciona y mañana puede que no. Dormirse en los laureles no es una buena opción.

Una combinación equilibrada de estos tres pilares puede ayudar mucho a las organizaciones a tener un desempeño por encima de la media. Mantener la inversión en las personas es importante y el primer paso, lo que conduce a que los empleados sientan confianza en la organización y busquen y utilicen sus recursos para prosperar y así generar impacto en los clientes y en el entorno operativo.

El contexto actual, acelerado, competitivo y volátil, plantea no solo el desafío de gestionar la brecha de habilidades en permanente cambio, sino sobre todo el compromiso de los empleados. En este sentido, es vital para cualquier organización procurar alinear el propósito de cada persona con el propósito superior de la empresa. La mayoría de las organizaciones reconocen este hecho y, a través de diversas iniciativas de desarrollo y participación de las personas, fomentan una cultura que permita que éstas expresen lo mejor de sí.  

Se deben hacer esfuerzos para que la cultura de la organización sea lo más abierta y transparente posible.

Algunas prácticas que ayudan a cultivar una cultura abierta y transparente, y en consecuencia desarrollar una gran empresa, son:

El fomento de una comunicación abierta. Las organizaciones que fomentan y practican la comunicación honesta en el lugar de trabajo siempre tienen ventaja. La comunicación franca es un valor importante a desarrollar en todos los colaboradores, al tiempo de constituir un diferencial a la hora de gestionar constructiva y efectivamente situaciones difíciles con los clientes como con el personal de la compañía.

Dar y recibir retroalimentación. Crear una cultura rica en feedback es un imperativo clave para una cultura que sea tanto positiva como abierta y transparente. Las conversaciones significativas son muy útiles para descubrir cómo se sienten los empleados respecto al modo como se hacen las cosas, así como sobre el modo de mejorar y también abordar las dificultades.

Una organización está en el camino hacia un desempeño significativo, sobre todo en el mediano y largo plazo, si promueve una cultura enfocada en las siguientes cualidades:

Centrarse primero que nada en tener una actitud positiva, lo cual solo es posible si los empleados están sanos y su bienestar emocional es estable. Si lo anterior acontece están dadas las condiciones para que se desarrollen relaciones más profundas, que se basarán en la expresión abierta de opiniones, lo que a su vez permitirá el fomento y mejora de las comunicaciones en toda la organización. Con esta base es posible desarrollar una perspectiva amplia sobre asuntos tanto de negocios como de personas, llevando a una cultura de innovación y experimentación para crear valor; resultando, todo ello, en productos de alta calidad y un servicio diferente que agregará valor y superará las expectativas de aquellos a quienes se sirve. Así las cosas, la confianza será el aire que se respire y lo que en definitiva ayudará a las personas a encontrar significado en el trabajo y a lograr resultados superiores.

Resumiendo: con el mundo del trabajo en constante evolución, el bienestar mental y emocional será un asunto central en el futuro. Asimismo, es y también será cada vez más tarea de las organizaciones poner a las personas primero, como condición para que la comunicación y la confianza se conviertan en los cimientos (cultura/personalidad) que habiliten la prosperidad así como la templanza y prudencia para cuando los vientos que soplen no sean favorables.

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