A veces la vida nos enfrenta a situaciones que nos desacomodan profundamente. La muerte de un ser querido, una separación, un diagnóstico, la pérdida de un trabajo, un cambio de etapa, un hijo que se va de casa. Incluso aquello que esperábamos —como una mudanza o una jubilación— puede sacudirnos más de lo previsto.
Estas experiencias marcan un antes y un después. Nos confrontan con la fragilidad, el tiempo, el sentido. Aparece la tristeza, el desconcierto, la nostalgia o una sensación de estar suspendidos entre lo que ya no está y lo nuevo que aún no llega.
La psicoterapia ofrece un espacio para transitar estas vivencias con respeto. No se trata de “superar” rápido, sino de atravesar el duelo o la transición reconociendo lo que duele, lo que cambia y también lo que puede nacer a partir de ahí.
A veces, acompañar un duelo es también acompañar una transformación.