Anora: una película sobre lo que falta y lo que sostiene

El director de la película, Sean Baker, hizo historia. Después de ganar la Palma de Oro en Cannes, Anora arrasó en los Premios Oscar 2025, obteniendo cinco estatuillas, incluidas Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz para Mikey Madison.

Anoche la vimos con Patricia. Y entendimos por qué conmovió tanto: bajo la apariencia de una historia de amor entre una joven bailarina y un heredero ruso, Anora es un retrato descarnado y tierno de lo que nos pasa cuando nadie nos cuida.

El film se mueve entre la crudeza y la vulnerabilidad. Muestra un mundo donde todos buscan ser vistos, donde el dinero intenta reemplazar el afecto, y donde el amor aparece —a veces— como un refugio breve, imperfecto, pero real. Nada está idealizado: los vínculos duelen, los personajes tropiezan, y sin embargo hay una belleza en su intento de cuidar y ser cuidados.

Baker no filma desde el juicio, sino desde la humanidad. Nos invita a mirar sin moralina, reconociendo en esos cuerpos heridos algo que también nos atraviesa: la falta de ternura que deja huellas en el alma y se repite en silencio.

Desde esa mirada, emergen tres lecturas que resuenan con lo que vivimos, acompañamos y trabajamos todos los días:

LA EMPATÍA DE IGOR

En medio del caos, Igor aparece como una figura distinta. No promete rescate ni exige devolución. Solo está, mira, acompaña. Su empatía no viene del deber, sino de la presencia. Casi sin palabras, representa ese tipo de cuidado que no busca transformar al otro, sino sostenerlo mientras encuentra su propio camino.

LA MADRE DE VANYA

La película también retrata el reverso del cuidado: la asfixia. La madre de Vanya, devoradora simbólica, lo retiene en una red de culpa y control. El padre, ausente, no media ni protege; y así, el amor se vuelve posesión.

ANORA y VANYA: IGUALES y DIFERENTES

Ella y él comparten el mismo origen: la soledad. Dos carencias distintas que se espejan. Anora intenta sobrevivir con su cuerpo, buscando dignidad; Vanya, con el dinero, buscando aprobación. Ambos desean ser vistos, cuidados, elegidos. Pero solo uno —ella— logra aprender algo esencial: que el cuidado empieza cuando uno deja de esperar que otro lo repare.

UNA PELÍCULA SOBRE LO QUE FALTA, Y SOBRE LO QUE SOSTIENE

Anora no es solo una historia de amor; es una historia sobre la fragilidad humana. Sobre la herida de no haber sido cuidados a tiempo, y sobre la posibilidad de volver a aprender a hacerlo, incluso en la adultez.


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