Toda persona y toda organización necesitan raíces que las sostengan y motivos que las impulsen. Las raíces son los vínculos, la historia y los valores que dan pertenencia; los motivos son los propósitos que movilizan hacia el futuro.
Clave: conectar propósito con arraigo.
Aplicación clínica: nos recuerda que crecer no es solo avanzar, sino también recordar de dónde venimos. Las raíces brindan estabilidad emocional; los motivos, energía vital. La salud psíquica integra ambas dimensiones.
Aplicación organizacional: en las instituciones, esta metáfora ayuda a equilibrar identidad y propósito. Las organizaciones sólidas reconocen sus raíces culturales, pero también se renuevan con motivos que inspiran a avanzar.
Entre raíces que sostienen y motivos que impulsan se construye la continuidad del sentido. Solo quien sabe de dónde viene puede elegir hacia dónde ir.