Never surrender

De la infancia algunas cosas quedan “impresas” para siempre en la memoria, tanto las buenas como las no tan buenas, por supuesto que por lo significativas que fueron. Para mí, entre las primeras, están los recuerdos de crecer en una ciudad del interior, en una zona suburbana y al lado de un aeropuerto. Ver y escuchar el despegue, vuelo y aterrizaje de aviones era una actividad cotidiana que ha quedado grabada a fuego.

También de la infancia e inicios de la adolescencia recuerdo una colección de libros que hojeaba, leía y me impresionaban por sus fotografías. Esa colección era sobre historia y en particular sobre la IIGM, de la que he dicho algo por aquí.

De las múltiples historias que encierra el último gran conflicto bélico mundial, hay una que representa un punto de inflexión en el transcurso de la conflagración. Ese punto de quiebre fue la Batalla de Inglaterra durante 1940.

Voy con un poco de contexto. En 1939 comienza la IIGM cuando la Alemania nazi invade Polonia hacia el este y luego enfila hacia el oeste y conquista Bélgica, Holanda, Francia y Luxemburgo. Así las cosas, a mediados de 1940 la aviación alemana, con gran parte del territorio europeo controlado, se lanza a invadir Inglaterra, el último bastión por conquistar en Europa, en una operación conocida como “León Marino”, consistente en derrotar primero que nada a la Fuerza Aérea Británica (RAF -Royal Air Force- por su sigla en inglés) como paso previo a una invasión anfibia y luego terrestre.

Como un boxeador en la esquina del cuadrilátero a punto de ser derrotado o como en una pulseada en la que uno de los contendientes está a centímetros de ser vencido, así estaba la Inglaterra que Winston Churchill toma en sus manos en mayo de 1940. El lunes 13 de ese mes el entonces designado primer ministro presenta a su gabinete en el Parlamento y pronuncia estas palabras: “Diré a esta Cámara, tal como le dije a aquellos que se han unido a este Gobierno: ‘No tengo nada que ofrecer, sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor'”.

A estas palabras de ese famoso discurso hay que sumarles las que pronunció el 4 de junio en otra mítica alocución, cuando dijo lo siguiente:

“Lucharemos… Llegaremos hasta el final; lucharemos en Francia; lucharemos en los mares y océanos; lucharemos con creciente confianza y creciente fuerza en el aire; defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el coste; lucharemos en las playas; lucharemos en los aeródromos; lucharemos en los campos y en las calles; lucharemos en las colinas; nunca nos rendiremos…”

Iron Maiden hizo suya la voz de Churchill para la introducción de su famosa canción Aces High, que narra la historia de un piloto británico de la RAF que lucha contra la Luftwaffe (fuerza aérea alemana) de la Alemania Nazi sobre los cielos del canal de la Mancha y la mismísima Inglaterra.

Llegad@ hasta acá, estimad@ lector/a, puede que te preguntes qué tiene que ver esta viñeta histórica con la psicología. La relación entre este fragmento de historia y lo que habitualmente publico en esta web no es otra cosa que la referencia al totalitarismo o a los totalitarismos en plural.

Es cierto que hoy, políticamente hablando y con excepción de algunos países, no vivimos en una época de auge de regímenes totalitarios como aconteció entre fines de la IGM (1914-1918) y fines de la década del ’30 del siglo pasado. Actualmente el totalitarismo es de otra naturaleza, ya no tan político y sí de carácter antropológico. Hablamos de un totalitarismo que tiende a moldear vidas y consciencias de la mano de las herramientas tecnológicas.

Leído así podríamos caer en la lectura facilista de considerar que el problema son la tecnología y sus redes sociales con su tendencia a mostrarnos titulares e historias sin contexto y profundidad. Sería un grave error pensar que el problema es la tecnología y desconociéramos el deseo totalitario que anida en cada una de nuestras almas, deseo que aboga por liberarse de las inquietudes derivadas del vivir y de las incertidumbres de la existencia. Sería un error barrer para debajo de la alfombra de nuestras almas ese deseo que, en algunas circunstancias, prefiere la consistencia de las cadenas y/o la seguridad de los corrales, esos sitios en que los humanos ponemos a los animales y a los niños cuando son pequeños.

Hoy el totalitarismo que pulula y encuentra su amplificador en las redes sociales es el del propio disfrute, el de una libertad entendida sin deudas, ataduras y lazos con él o los semejantes. Es el totalitarismo del yo disfruto, lo muestro y lo que al otro le pasa no es asunto mío.

La historia de las décadas del siglo pasado en que florecieron los totalitarismos nos enseña que el asunto no es tanto por qué las masas (nosotros, las personas) soportaron y pueden llegar a soportar la opresión, sino peor aún por qué pueden llegar a desear dicha opresión y la abolición del pensamiento propio en favor de un pensamiento masificador que anula el singular.

Nuestra época ha encumbrado el hedonismo y la ideología del bienestar, de los cuerpos en forma y de la celebración narcisista de la libertad. Es un canto al individualismo extremo que hace estallar por los aires la idea de red y lazos con los otros.

Sin dudas que Churchill, al igual que todo político, tiene sus luces y sus sombras. Hoy rescatamos, creo yo, un período luminoso de su accionar, cuando lideró a su nación a resistir y no rendirse ante el avance totalitario del régimen nazi.

Hoy, a 80 años de este trozo de historia, también podemos elegir hacer nuestras las palabras del líder británico, en este caso para no rendirnos ante los cantos de sirena de las pantallas, a no rendirnos frente los discursos de auto explotación que nos invitan a rendir y ser productivos como si fuésemos máquinas; en definitiva a no rendirnos y renunciar al pensamiento crítico y singular, así como a no olvidarnos que, en tanto transitorios en este mundo, somos herederos y también portadores de un testimonio que legar a quienes continuarán en el camino.

4 comentarios sobre “Never surrender

  1. Un artículo que invita a reflexionar , a
    ” hacer para ser” más humanos, más sensibles, empáticos… a través de un hilo conductor que aporta y guía desde el contexto histórico ( como éste que nos toca atravesar en todos los rincones del planeta )
    Muchas gracias Agustín.

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